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Tres fallos habituales en una entrevista de trabajo





Una entrevista de trabajo es una prueba de fuego, el momento de la verdad.  Llegar a ella debe ser tomado como un enorme éxito, y a partir de ahí hay un tanto por ciento importante de que, conseguir el puesto, dependa de ti.  Dejémonos de ideas como «es un mero trámite, el puesto está ya dado» o de «con la de gente que hay, ¿cómo me lo van a dar a mi?» Lo primero de todo, una entrevista de trabajo nunca tenemos que darla por perdida antes de empezar.  Si voy pensando eso de antemano, ¿qué voy a transmitir a la persona que tengo delante?  Pues lo más seguro que desgana y poca motivación, y eso sí que no está permitido hacerlo en una entrevista (si es que de verdad quieres conseguir el trabajo)

Tampoco puedo permitirme el lujo de llegar tarde y ni siquiera no avisar.  Días antes a la entrevista de trabajo, si nunca has estado en la empresa o en el lugar donde te la van a hacer, deberás hacer la ruta que vayas a hacer el día de la entrevista. No te fíes ni de metros, ni de trenes, ni de autobuses, ni de coches, ni de bicis….  Si nunca has ido, haz el recorrido, mira cuánto tiempo tardas, qué incidencias hay… y si a pesar de todo el día de la entrevista ves que te vas a retrasar (siempre pueden surgir imprevistos… ¡¡que no dependan de ti!!), llama por teléfono y avisa. Explica qué ocurre (no mientas, por supuesto) e informa de cuánto tiempo esperas que te va a costar llegar. Debes facilitar, te van a hacer la entrevista de trabajo a ti para que tú puedas optar a un trabajo, el único que perderá una oportunidad vital serás tú….

«Venderte» y voy a explicar por qué.  En una entrevista de trabajo no te «vendes» sino que demuestras qué profesional eres y puedes llegar a ser: aportas valor. En una entrevista no «vendes» tu profesionalidad, transmites quién eres.  No vendes, aportas valor.  Ese pequeño cambio de pensamiento te ayudará a transmitir todo lo buen profesional que eres, y que además, necesita la empresa.