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¿Todos los entrevistadores son iguales?





La entrevista de trabajo suele ser uno de los momentos más temidos pues es una situación de estrés, en la que nos sentimos evaluados y examinados, además de ser el momento decisivo para ser elegidos o no para un puesto de trabajo.

Partimos de la base (real) de que cuando nos llaman a entrevista es porque nuestro perfil es el adecuado, lo que quieren es conocer a la persona que está detrás de curriculum y confirmar que eso que les ha gustado está complementado con una persona igualmente adecuada.  El problema viene cuando algunos entrevistadores se dejan llevar por las prisas u otros aspectos que hacen que esa selección no sea la más apropiada.

En el blog negocios1000.com hacen referencia a varios aspectos que pueden llevar a que el entrevistador pueda cometer algún fallo en la selección del candidato final.

La precipitación suele ser uno de los principales errores, el querer correr o el basarse en primeras impresiones puede hacer que la entrevista no sea en absoluto operativa a pesar de la  calidad de la actuación del candidato.  Muchas veces la falta de tiempo para hacer entrevistas o la rapidez en la cobertura de algunos puestos hacen que la entrevista, que debería ser un momento de charla tranquilo y relajado para conocer lo máximo del candidato, se convierta en una prueba de fondo, creando un juego de preguntas generalizadas y respuestas ideales que no permita de verdad conocer al candidato, creando una imagen no adecuada del mismo.

Partimos de la idea de que la persona que nos hace la entrevista es un profesional cualificado y perfectamente capaz, pero a veces prejuicios o técnicas inadecuadas hacen que ese proceso no resulte tan óptimo como debería ser.

Como candidatos, lo  único que podemos hacer es presentar nuestro mejor perfil y, sobre todo, nuestra mejor actitud, demostrando ganas, pasión y entusiasmo.  Al final, lo que buscan es una persona con ganas de trabajar, ¿eres capaz de transmitirlo en la entrevista de trabajo?