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Los riesgos de las nuevas profesiones





Hace unos meses nombrábamos y descubríamos aquellas nuevas profesiones que habían ido surgiendo gracias a internet, las nuevas tecnologías y la web 2.0.  En ese artículo lanzábamos un poco de luz sobre este naciente mundo lleno de oportunidades, pero en muy poco tiempo hemos asistido a cómo esas nuevas profesiones traen consigo sus propios riesgos laborales. Y es que el gran auge del uso de la web está conllevando una serie de problemas, ya que los puestos de trabajo de ommunity managers, content curators, programadores de aplicaciones online, asesores de imagen en internet y otros profesionales especialistas en el mundo virtual están sometidos a largas jornadas laborales frente a un ordenador, con lo que esto conlleva.

Y lo que esto conlleva son problemas como fatiga visual, los trastornos musculoesqueléticos y problemas cardiovasculares junto con trastornos endocrinos como consecuencia del sedentarismo al cual se enfrentan este tipo de profesionales.  Éstos son los principales factores de riesgo de las nuevas profesiones, los habituales, los esperados, pero hay otro más peligroso todavía, con mayor riesgo y con una incidencia tremenda (y no sólo entre estos profesionales) que es menos diagnosticable y que desgraciadamente, no se cura fácilmente:  la dependencia y una permanente necesidad de estar conectado al mundo virtual.  Sin duda, esto tiene repercusiones a nivel real, es decir, familiar, de entorno social directo, eso con lo que apenas nos relacionamos cuando estamos conectados.  La consecuencia de esta excesiva conexión es, evidentemente, que nunca se desconecta: no se descansa bien, se descuidan cosas, tareas  y personas.

En relación a los problemas físicos, el constante uso del ratón hace que todos hayamos oído hablar ya del síndrome del túnel carpiano como consecuencia de su uso, o problemas en las articulaciones por el uso constante de los teclados.  Por descontado que la excesiva exposición al ordenador hace que nuestra vida sea tremendamente sedentaria.  Por lo tanto, promover actividades físicas, aprender a desconectar, son acciones de salud laboral que facilitan y mejoran la calidad de vida, y que deberían ser revisadas por las empresas para mejorar la salud de sus trabajadores.