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Primero tú y después yo





emprender y desempleo

Incorporar a nuestra empresa un contenido social relevante, es el camino para acceder a las utilidades personales.

«El que juega por necesidad, pierde por obligación«, reza un conocido refrán que bien puede aplicarse al esfuerzo de la persona que, fatigada de buscar trabajo, decide emprender un negocio para proporcionarse a sí misma una fuente de ingresos.

Ese, a nuestro juicio, es el peor momento para lanzarse a la aventura. Cualquier capital adquirido, cualquier ahorro invertido será devorado por la necesidad de extraer un sueldo para sostener el gasto familiar.

El entusiasmo, la paciencia y la creatividad se mostrarán frágiles, susceptibles de derrumbarse ante la frustración por un pobre y lento retorno de la inversión.

Construya primero una base personal

Emprender no debería ser un esfuerzo de supervivencia económica, sino una búsqueda de la superación personal y el mejoramiento social.

Al emprender no puedo poner en el primer plano mi gusto, mi deseo o mi necesidad. Para garantizar la satisfacción de mis necesidades básicas debo, en un primer momento, recurrir al empleo.

Cuando presto mis servicios para una empresa, aporto mi trabajo para recolectar lo que necesito. El centro primario del esfuerzo soy yo, mi núcleo familiar y mis compromisos impostergables.

Desempeñar un empleo, por poco estimulante o mal pagado que sea, nos proporciona una plataforma desde donde, atendidas las urgencias, podemos atrevernos a soñar. Además, y esto también es muy importante, nos deja un aprendizaje técnico y social, que se convertirá en un recurso valioso al momento de iniciar nuestro propio negocio.

El desempleo no es consecuencia de falta de vacantes

El desempleo no siempre es consecuencia de la ausencia de oportunidades de trabajo; más bien es resultado de la búsqueda desatinada de un puesto para el cual no resultamos competitivos.

Al cabo, cuando aceptamos desempeñar un esfuerzo mayor o diferente al planeado, o cuando nos conformamos con un ingreso menor al que aspirábamos, se encuentra una colocación.

Cierto que esto no es estimulante, pero tampoco debería tomarse como una rendición.

Buscamos una base segura, no debemos olvidarlo; y si para ello debemos salir a la calle a promocionar un producto, antes que hacerlo con vergüenza, debemos aprovechar la oportunidad para desarrollar nuestras capacidades como vendedores, que luego serán muy útiles para cualquier proyecto.

¿La necesidad del cliente o mi necesidad?

Decíamos que al adquirir un empleo pongo mi persona y mis necesidades en primer plano. Al emprender, en cambio, desplazo el centro de gravedad hacia el usuario. ¿Qué quieres tú, qué necesitas que yo pueda facilitarte?

La filosofía para un emprendimiento exitoso no puede enfrentar a su promotor con la alternativa: ganas tú o gano yo; el enfoque debe ser: primero ganas tú y después yo.

Eso implica que efectivamente yo pueda postergar mi deseo de lucrar hasta el momento oportuno. Y para eso es necesario que no dependa de la caja del negocio.

No estamos proponiendo que los emprendimientos deban ser fundamentalmente altruistas.

Afirmamos que, aunque la motivación original para hacer empresa haya sido meramente económica, debemos incorporar un contenido social relevante, pues ese será el camino para acceder a las utilidades personales.

Fuente imagen: www.que.es