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El salario emocional





Cuando estamos trabajando para cualquier empresa, lo habitual es que recibamos un salario a cambio de la prestación de nuestros servicios. El sueldo es la forma de reconocer el trabajo que realizamos y que revierte en la empresa de manera que la hace ganar algo (dinero, clientes, renombre, etc)  Pero aparte del sueldo, del dinero que recibimos por nuestro trabajo, hay otro salario no reconocido y que se denomina el salario emocional.  La Asociación Española para la Calidad (AEC) define el salario emocional como «un concepto asociado a la retribución de un empleado en la que se incluyen cuestiones de carácter no económico, cuyo fin es satisfacer las necesidades personales, familiares y profesionales del trabajador, mejorando la calidad de vida del mismo, fomentando la conciliación laboral»  Y es que esta idea lo que hace en definitiva es hacer más satisfactorio el desempeño profesional del trabajador, aumentando la motivación en el puesto de trabajo y, por ende, aumentando el desempeño y la calidad del trabajo desarrollado.

¿Acaso no estás más satisfecho desempeñando un trabajo en el cual te sientes a gusto de alguna manera?  El salario emocional se traduce en cosas concretas como la calidad y facilidad de las relaciones interprofesionales y comunicación con superiores y compañeros, las facilidades en la capacitación profesional (es decir, formar a los empleados para mejorar su desempeño respondiendo a las necesidades concretas y reales), reconocimiento de logros y posibilidad de encarar retos profesionales, acciones sociales que reviertan en la comunidad…  Este tipo de elementos y otros muchos lo que consiguen es que el trabajador se implique con la empresa de una manera total y voluntaria, porque todos necesitamos en nuestro trabajo sentirnos valorados, reconocidos y motivados, y por un muy buen salario que tengamos, no siempre nos sentimos a gusto y bien en nuestro espacio de trabajo.