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¿Te acomodas en la infelicidad?





Puede que la pregunta te parezca ridícula o incluso te provoque enfado, ¿cómo va alguien a acomodarse en la infelicidad?  Pero no es algo tan extraño. Y es que de la misma manera que hay hábitos que a puro de repetirnos hacen que seamos más amables, productivos y deportistas, también existen esos otros hábitos que provocan un efecto negativo, convirtiéndonos, progresivamente, en una persona gris enfadada con el mundo.  ¿Sabes cuáles son esos hábitos que nos hacen infelices crónicos? The Huffington Post los resumía en siete hace unas semanas y desde aquí vamos a hacer un resumen de tres pensamientos claves para acomodarnos en la infelicidad.

No hay nada que yo pueda hacer para cambiar mi vida

Una de las claves para acomodarnos en la infelicidad es justamente pensar que no se puede hacer nada. Es la excusa perfecta, porque de esta manera justificamos la inacción que suele acompañar a estas personas. Si estás en búsqueda de trabajo, no puedes permitirte el lujo de pensar esto siquiera.  La pregunta es fácil: ¿quién decide, en última instancia, sobre ti?  ¿Acaso todas las decisiones de tu vida las toman los demás, no tienes posibilidad de acción en ningún área, está todo tan determinado que no puedes hacer nada? Dudo mucho que la respuesta sea contundente, y es que al final, la decisión que marca la clave de todo depende de ti, y es la actitud que vas a tomar ante los hechos. Ante cualquier situación, cómo reacciones y cómo actúes va a marcar el resto.

Nada merece la pena

Si nada merece la pena, entonces no hay nada que se pueda hacer. Usar palabras genéricas como nada o todo con la connotación negativa de esta afirmación hace que parezca imposible siquiera levantar la cabeza. No repitas pensamientos que no llevan a ninguna parte. ¿De verdad no hay nada en tu vida que merezca la pena? Reflexiona sobre ello, busca aquello que te llene, y aférrate.

No te puedes fiar de nadie

El ser precavido en las relaciones sociales cuando has salido escaldado no está mal, pero no se puede generalizar. Ni todo el mundo es malo ni todo el mundo es bueno.  No te cierres a los demás, aprende a ver lo bueno de las personas y también lo malo pero no te quedes sólo con lo último.  Rodéate de la gente que te quiere y, sobre todo, déjate querer.