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¿Cuánto nos esforzamos en el trabajo?





Recientemente leíamos en la web equiposytalento.com una noticia más que sorprendente: La gente prefiere aburrirse en el trabajo antes que no ver su esfuerzo recompensado que tenía el subtítulo de Uno de los grandes problemas de nuestra sociedad: la aversión al esfuerzo.  Esta afirmación se basa en un estudio llevado a cabo por Duke University en Estados Unidos, concretamente desde el área de Marketing, y que lleva el título de Aversión al esfuerzo: opciones de trabajo y su compensación, sobrepasadas por el esfuerzo, ha sido dirigido por los profesores Peter Ubel y David Comerford, y sus conclusiones son ciertamente curiosas.

A modo de resumen, dicen que la aversión al esfuerzo llega a tal punto que los trabajadores preferimos tener un trabajo que no nos genere mucho esfuerzo a cualquier otro que, aunque nos atraiga, nos motive mucho más y nos guste, implique realizar un esfuerzo mayor que no tenga una traducción meramente económica.  Así pues, este estudio pone de manifiesto que el concepto de los valores aplicados al trabajo pierde cualquier sentido cuando se cruza de por medio el tema económico: el valor social, o el que nos apasionemos en el trabajo deja de ser importante cuando llegamos a la parte salarial.  Hay una frase que resume el estudio, y es la que recoge el artículo: «La gente comienza a conformarse con un trabajo cómodo, estable, que no le resulte muy complicado ni cansado, en el que no tenga que destacar ni sobresalir por encima del resto y por el cual le paguen una cifra razonable. Cada vez son menos los que se atreven a desempeñar funciones más arriesgadas o que suponen un esfuerzo extra ya que les compensa cobrar algo menos pero no tener que demostrar sus cualidades. ¿Para qué esforzarse pudiendo vivir tranquilamente?»

Sin duda alguna, nos encontramos en la actualidad en un momento donde lo importante no es ya el disfrutar o no del trabajo que desempeñamos, sino el hecho de poder tener un trabajo.  Pero el atasco que esta afirmación demuestra, la falta de motivación, de ganas de hacer cosas nuevas y de esforzarnos en nuestro trabajo (ojo, no sólo por el salario, o por el valor social, sino ya por nosotros mismos) deja al descubierto un gran vacío motivacional que va a ser difícil de recuperar.